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¿QUÉ ESTÁ CELEBRANDO LA GENTE EN COLOMBIA?

Por estos días he estado leyendo informes de prensa, el texto completo de los acuerdos firmados en La Habana, los comentarios de especialistas en temas jurídicos, las columnas de opinión, he buscado puntos de vista antagónicos, he tratado de escudriñar debajo de la letra menuda y todavía no he logrado entender qué carajo está celebrando la gente en Colombia. Dicen que se firmó un acuerdo de paz y yo me pregunto: ¿los guerrilleros van a entregar las armas? No; ¿van a dejar de traficar cocaína? No; ¿van a dejar de secuestrar y extorsionar? No, porque queda una disidencia grande de las FARC encargada de todo eso, junto con el ELN y demás grupos armados ilegales; las FARC, el cartel de narcotraficantes más grande del mundo, ¿va a utilizar su inmensa fortuna para resarcir a sus víctimas? No, porque según el acuerdo, la reparación a las víctimas solo aplica si las víctimas son ellos; ¿van a ser juzgados y cumplir penas por los delitos de lesa humanidad que cometieron? No, supuestamente van a ser relocalizados, recibirán 8 millones de pesos por el solo hecho de desmovilizarse y un salario mensual de $600 mil por dos años, y sus víctimas: nada, gracias.

En el acuerdo firmado la semana pasada se establece que los guerrilleros, una vez desmovilizados, tendrán cinco curules en el Senado y cinco más en la Cámara, cortesía del Gobierno, y el partido político de las FARC recibirá el 20 por ciento del dinero que el gobierno invierte en campañas políticas. Así, no necesitarán votos ni apoyo popular para ser una fuerza dominante y podrán obtener finalmente lo único que les interesa, que es el poder, y para siempre. Modificarán la constitución, como ha sucedido en otros países y acabarán convirtiendo a Colombia en otro paraíso socialista como Cuba y Venezuela. Si quieren, sigan celebrando, pero después no digan que no les advertimos.

También la semana pasada, me conmovió ver al Ex Ministro Andrés Felipe Arias en una corte de Miami, donde enfrenta una solicitud de extradición presentada por el régimen santista. Arias, quien según la misma justicia colombiana que lo condenó a 16 años de cárcel nunca se robó un peso, y ni él ni nadie de su familia se beneficiaron con sus actos como Ministro de Agricultura; Arias, de quien la misma justicia colombiana determinó que sus acciones se ajustaron a los protocolos aprobados y acostumbrados para la asignación de recursos provenientes del PNUD, se presentó ante la juez norteamericana esposado de pies y manos con una cadena en la cintura, como si se tratara del más peligroso de los criminales. Arias es un perseguido político cuyo único delito es ser uribista, o peor aún, seguir siendo uribista, al contrario de otros que lo fueron, pero dejaron de serlo cuando saltarse a la otra acera les resultó más conveniente. Un significativo caudal de colombianos parece no estar interesado en despertar de su letargo y mientras tanto, el régimen de Santos, como el de Chávez y Maduro, está usando indebidamente la justicia para criminalizar la oposición y además, aprovecha la ingenuidad del actual inquilino de la Casa Blanca, para poner la justicia americana a servicio de sus funestos propósitos. Esta repudiable persecución, a base de testigos falsos y jueces y fiscales corruptos, ya ha destrozado familias y carreras, como en el caso de Andres Felipe Arias, o el del Coronel Alfonso Plazas Vega, cuya pesadilla ya terminó, pero él y los suyos siguen activos en la causa de la justicia, porque aún falta poner fin a la sevicia con que se ha venido persiguiendo a tantos otros.

En Twitter, alguien que firma como Dr. Fausto y a quien no tengo el placer de conocer, escribió más o menos lo siguiente: Si les da pereza leer el mamotreto de casi 300 páginas que contiene el acuerdo firmado en La Habana entre el gobierno y las FARC, no se preocupen, en Venezuela ya están dando la película… Y en Colombia ya estamos comenzando a ver algunos trailers.

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