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MUERTO FIDEL, ¡VIVA CUBA LIBRE!

La noticia llegó poco antes de la medianoche del viernes y desde entonces no ha dejado de producir reacciones. La más inmediata, naturalmente, fue la de miles de exiliados cubanos que huyendo “de la hoz y el verde olivo,” como diría Chirino, hicieron nueva vida en el sur de la Florida y desde aquí han sido los más duros críticos del régimen que ha oprimido a un pueblo entero y lo ha condenado a pasar necesidades y vivir en la miseria por más de medio siglo.

Millones de razones tuvieron y siguen teniendo para celebrar jubilosos la muerte del tirano que esclavizó la próspera isla y la convirtió en uno de los países más atrasados del continente, en casi todos los aspectos, y obligó a desterrarse a millones de cubanos que hoy viven esparcidos por el mundo entero. No obstante, resultado de una campaña de propaganda, tan antigua como la misma dictadura castrista, en algunos círculos aún subsiste la errónea impresión de que, al contrario de oprimirlo, Castro condujo a su pueblo a mejores destinos.

Nada más lejos de la realidad. Antes de que la revolución castrista usurpara el poder por la vía de las armas en la mayor de las Antillas, Cuba era el tercer país más rico del hemisferio occidental, y La Habana era la tercera capital más moderna del mundo. Mientras en países como España, Venezuela, Brasil, Perú y República Dominicana, la tasa de analfabetismo rondaba por el 50%, en Cuba era de apenas 23.6%. En 1957, había en Cuba un médico por cada 957 habitantes, la proporción más alta de toda América Latina. Hoy, los hospitales cubanos carecen de todo y, aunque la propaganda oficial siga diciendo lo contrario, la tasa de mortalidad y la expectativa de vida en Cuba alcanzan niveles aterradores como consecuencia de los pésimos servicios de salud. De hecho, la prensa española esta semana da cuenta de que Fidel habría muerto como resultado de haber sido sometido a varias cirugías mal sucedidas.

Carlos Eire, profesor de Historia y Estudios Religiosos en la Universidad de Yale, nacido en La Habana, escribió en el diario The Washington Post, una lista de epitafios que, sugiere, deberían quedar inscritos en la lápida de Fidel Castro, “uno de los más brutales dictadores de la historia moderna.”

  • Convirtió a Cuba en una colonia de la Unión Soviética y estuvo a punto de causar un holocausto nuclear.
  • Apoyó el terrorismo dondequiera que pudo y se alió con muchos de los peores dictadores de la tierra.
  • Fue responsable de miles de ejecuciones y desapariciones en Cuba, resulta difícil mencionar un número exacto de víctimas.
  • No toleró disenso alguno y construyó campos de concentración y prisiones a un ritmo sin precedentes, encarcelando a un porcentaje de nacionales superior al de otros dictadores modernos, incluyendo a Stalin.
  • Condonó y alentó la tortura y las ejecuciones extrajudiciales.
  • Forzó a casi el 20 por ciento de su pueblo al exilio, e incitó a miles de cubanos a enfrentar sus muertes en el mar, mientras huían de él en embarcaciones rusticas.
  • Se apoderó de todos los bienes de la isla para sí mismo y sus secuaces, limitó la producción de alimentos y empobreció a la gran mayoría de su pueblo.
  • Excluyó a la empresa privada y a los sindicatos, aniquiló a la gran clase media cubana y convirtió a los cubanos en esclavos del Estado.
  • Persiguió a los homosexuales y trató de erradicar la religión.
  • Censuró todos los medios de expresión y comunicación.
  • Estableció un sistema escolar fraudulento que adoctrinó en lugar de educar, y creó un sistema de atención de la salud de dos niveles, con atención médica inferior para la mayoría y un cuidado superior para sí mismo y su oligarquía.
  • Transformó a Cuba en un laberinto de ruinas y estableció una sociedad de apartheid en la que millones de extranjeros disfrutaron de derechos y privilegios prohibidos a su pueblo.
  • Nunca se disculpó por ninguno de sus crímenes y nunca fue juzgado por ellos.

Los mejores días de Cuba están por llegar tras la muerte de Fidel Castro, y la atención está toda en el Presidente electo Donald Trump y el papel que jugarán los Estados Unidos en esta nueva era para los cubanos, a ambos lados del estrecho de la Florida.

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